Hace un par de semanas recobre el ritmo laboral de cualquier persona.

Compañeros nuevos, oficina nueva y trabajo a desepeñar medianamente importante.

Pero de estas tres cosas lo que más suele preocupar a la gente es: "Como serán mis nuevos compañer@s".

Personalmente, y a lo largo de mi experiencia laboral, digamos que hay varias especies y/o compañeros de trabajo (dejando aparte los estereotipos de "la cotilla" "el ligón/a" "el/la vago/a" y un largo etc) :

Está esa persona, que sin ningún cargo ni autoridad, se cree superior al resto, ya sean iguales o nuevos en el entorno. Esa clase de gente que cree saberlo todo, que cree ser la más ocurrente con sus comentarios satíricos y ruínes hacia los compañeros, los que se creen el cabeza de la manada, como si los que le rodean fueran corderitos heridos que necesitan de el para sobrevivir en la jungla de teléfonos, faxes, e-mails y demás fauna oficinística.

Están los que por lo bajini te la pegan.Son de los peores, porque son los más difíciles de calar. Por eso mismo hay que ser prudente, no fiarse de la primera impresión es la mejor forma de no sufrir una decepción en los primeros dias de trabajo.

Y por último están los que están pero no lo parece. Son esos que van, hacen su trabajo y al terminar la jornada quedan satisfechos del día. De estos hay dos tipos: Los silenciosos y los que de vez en cuando se les oye. Y estos son los que realmente van a lo que van, a trabajar para ganarse el pan.

Está clarísimo, yo me siento de este último grupo. Voy, trabajo y listo. Cuando llega la sobremesa o los descansos para el café o el cigarrito,o los momentos de bajón laboral, se rie, se comenta y se bromea, pero a la que hay algún objetivo que cumplir, se vuelve al trabajo sin dudar.

¿Que hay mejor que un trabajo bien hecho?

Aunque, personalmente, también soy partidaria de que no todo es trabajo, así que si la jornada puede ser amena y divertida mejor que mejor. Porque no todo en la vida es trabajo.

Un saludete a todos y feliz jueves!