Anoche me sentí encadenada, encadenada a mí misma, a mi soledad, a mis penas. Y, aunque encadenada, era capaz de sonreir, cantar, sentir y todo lo demás me he dado cuenta de que no puedo seguir así. No puedo seguir atada a todo aquello que me hace sentir prisionera de esta vida en vez de darme las ganas suficientes para volar y ser feliz. Hoy ya se han roto un poco más esas cadenas, hoy ya me siento más cerca de libertad, más cerca que anoche. He despertado de buen humor, me han cortado el pelo, me he puesto guapa y mirado en el cajón de las sonrisas y me he puesto la más grande. Creo que hoy será un gran día, necesito que sea un gran día.
En parte, todos los que me rodeais en este blogmundo, me habeis ayudado a dar ese paso, habeis roto un poquito mis cadenas. Con vuestras experiencias, con vuestro apoyo, con vuestras siempre lindas palabras y buenos deseos. A todos vosotros, a los que me apoyan desde fuera, a los que les cuesta muy poquito hacerme reir a carcajada limpia y a los que me sonrojan.

Gracias.